martes, 14 de enero de 2014

rubifen...

Me encontraba en una habitación lúgubre  con las paredes empapeladas al estilo de los años 80, estaba esperando en la recepción de un noveno piso a que llegara mi turno con una insólita compañera.
Aquel conjunto de hierros con curvas de mujer y puede que conciencia hacían un ruido espantoso a cada paso que daba, la chica mecánica no paró de dar vueltas durante horas.
Cada vez q sus rodillas hacían un ruido estridente, la miraba y caí en la cuenta de que esa chica no tenía nada que ver con el entorno en el que nos encontrábamos, el contraste me sorprendía hasta tal punto que apunto estuve de preguntarla que es lo que hacía en la consulta del doctor. 

Por fin se abrió la puerta , salió un paciente y detrás el doctor que me invitó a pasar a su consulta.
Una vez dentro, pasee la mirada por la consulta como tantas veces había hecho, pero esta vez y tras haber visto a la “chica” de la recepción comprendí para qué servían esos utensilios tan raros a los que otras veces no les vi ninguna utilidad.

El doctor me extendió las pastillas que solía darme en cada visita que le hacía y me preguntó si necesitaba una dosis más grande de Rubifen.

-Me apaño con estas, últimamente no hay mucho trabajo en la fábrica - Le conteste ,por que  las dosis pequeñas eran más fáciles de vender.

Fuera ya de la consulta me dirigí hacia la salida, me despedí de la recepcionista q me abrió la puerta y me tome unas pastillas de rubifen mientras esperaba al ascensor.

Salí a la calle, y antes de recorrer dos manzanas ya empecé a sentir los efectos físicos que antecedían al sobre esfuerzo cerebral provocado por las pastillas,se me pusieron las manos frías, las pupilas como platos y una diarrea a la que ya estaba más que habituado.

Me dirigí a donde mi distribuidor con la intención de pasarle 3/4 de la mercancía para que se la quitara y de paso cobrarle la anterior que le pase, como siempre se encontraba en la plaza de latón, nombre que no tenía ninguna razón de ser al menos que yo supiera.

Maleti, mi distribuidor, se alegró de verme y se úrgo en los bolsillos en cuanto me vio aparecer. 
Tan solo  le visitaba cuando tenía mercancía para darle, le hice un gesto y me fui a la taberna más cercana como de costumbre.

Me senté en el rincón más apartado y espere a que Maleti acudiera procurando que la gente no notara mi presencia, pasado un rato Maleti apareció y se pidió una copa de whisky seco como de costumbre.

Se acercó a la mesa whisky en mano y se sentó delante mio.Me dijo que ya no quería mas mercancía y que yo debía ir al baño y deshacerme de ella si no quería ser un yonqui o acabar en la cárcel.

-Sabes que no puedo dejarlo Maleti...es mi negocio siempre me he dedicado a esto-conteste todavía sin recapacitar en que situación me dejaba el fin de nuestras negociaciones.

Maleti se levanto y dejo la copa a medio beber,  algo insólito en él, salio y me quede reflexionando un rato, pasados tres minutos me levanté y salí del bar.

Nada mas salir vi un cordón policial y me percate de que maleti me había traicionado y instintivamente saqué la pistola de la espalda.

"Maleti casi acerto"
Ni con la dosis de Rubifen q me tome fui capaz de enterarme de la que se me venía encima)
Gracias a La hija de la Trini por ayudarme :)

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