Me
encontraba en una habitación lúgubre con las paredes
empapeladas al estilo de los años 80, estaba esperando en la
recepción de un noveno piso a que llegara mi turno con una insólita
compañera.
Aquel
conjunto de hierros con curvas de mujer y puede que conciencia hacían
un ruido espantoso a cada paso que daba, la chica mecánica no paró
de dar vueltas durante horas.
Cada
vez q sus rodillas hacían un ruido estridente, la miraba y caí en
la cuenta de que esa chica no tenía nada que ver con el entorno en
el que nos encontrábamos, el contraste me sorprendía hasta tal punto que apunto estuve de preguntarla que es lo que hacía en la consulta del
doctor.
Por
fin se abrió la puerta , salió un paciente y detrás el doctor que
me invitó a pasar a su consulta.
Una vez dentro, pasee la mirada por la consulta como tantas veces había hecho, pero esta vez y tras haber visto a la “chica” de la recepción comprendí para qué servían esos utensilios tan raros a los que otras veces no les vi ninguna utilidad.
El
doctor me extendió las pastillas que solía darme en cada visita que
le hacía y me preguntó si necesitaba una dosis más grande de Rubifen.
-Me
apaño con estas, últimamente no hay mucho trabajo en la fábrica -
Le conteste ,por que las dosis pequeñas eran más fáciles de vender.
Fuera ya de la consulta me dirigí hacia la salida, me despedí de la
recepcionista q me abrió la puerta y me tome unas pastillas de
rubifen mientras esperaba al ascensor.
Salí
a la calle, y antes de recorrer dos manzanas ya empecé a sentir los
efectos físicos que antecedían al sobre esfuerzo cerebral provocado
por las pastillas,se me pusieron las manos frías, las pupilas como
platos y una diarrea a la que ya estaba más que habituado.
Me
dirigí a donde mi distribuidor con la intención de pasarle 3/4 de
la mercancía para que se la quitara y de paso cobrarle la anterior
que le pase, como siempre se encontraba en la plaza de latón, nombre
que no tenía ninguna razón de ser al menos que yo supiera.
Maleti,
mi distribuidor, se alegró de verme y se úrgo en los bolsillos en
cuanto me vio aparecer.
Tan
solo le visitaba cuando tenía mercancía para darle, le hice
un gesto y me fui a la taberna más cercana como de costumbre.
Me
senté en el rincón más apartado y espere a que Maleti acudiera
procurando que la gente no notara mi presencia, pasado un rato Maleti
apareció y se pidió una copa de whisky seco como de costumbre.
Se
acercó a la mesa whisky en mano y se sentó delante mio.Me dijo que
ya no quería mas mercancía y que yo debía ir al baño y deshacerme
de ella si no quería ser un yonqui o acabar en la cárcel.
-Sabes
que no puedo dejarlo Maleti...es mi negocio siempre me he dedicado a
esto-conteste todavía sin recapacitar en que situación me dejaba el
fin de nuestras negociaciones.
Maleti
se levanto y dejo la copa a medio beber, algo insólito en él,
salio y me quede reflexionando un rato, pasados tres minutos me
levanté y salí del bar.
Nada
mas salir vi un cordón policial y me percate de que maleti me había traicionado y instintivamente saqué la pistola de la espalda.
"Maleti
casi acerto"
Ni
con la dosis de Rubifen q me tome fui capaz de enterarme de la que se
me venía encima)
Gracias a La hija de la Trini por ayudarme :)

